dimarts, 13 de març de 2012

Saboreando la lectura

Hoy no voy a ser tan dramática. Me dan bajones muy chungos cuando llega la noche supongo que se debe a una mezcla de cansacio, melancolía y hambre.  Para no sentirme tan fracasada cuando termina el dia, he decidio hacer una lista de tareas. Ayer por la noche escribí lo que tenia que hacer hoy y me propuse ir leyéndola cada vez que acabe una tarea y asi empezar la otra. Eso me da una satisfacción y seguridad alucinante, es como si controlara el tiempo. No sólo el tiempo es lo único que he podido controlar, también el hambre pero siendo honesta este fin de semana comi demasiado y he cogido más de un kilo. No voy a quejarme como hago siempre porqué SÉ que lo bajaré. Saber que puedo hacer algo es la mejor sensación que puedo experimentar. Antes de morir me gustaría concer a dos personas: a Judy Chicago (una de mis artistas favoritas) y a Amélie Nothomb, de momento una de mis escritoras favoritas. Lo más delicioso que he saborado hoy ha sido su novela "Ni de Eva ni de Adán" que cuenta su experiencia en Japón y la relación que tuvo con un chico japonés que se llamaba Rinri:

"Después del amor, ya no había reglas. Sobre la almohada, descubrí a alguien. Me miró durante largo rato y luego dijo:—Qué guapo eres.
Era inglés mal traducido al francés. No le habría corregido por nada del mundo. Hasta entonces, nadie me había encontrado guapo.
—Las japonesas son más guapas —dije.
—No es verdad. 
Su mal gusto me encantó.—Cuéntame cosas de las japonesas. Se encogió de hombros. Insistí. Acabó diciéndome:—No puedo contarte nada. Me ponen nervioso. No son ellas mismas.—Quizás yo tampoco sea yo misma.—Sí. Tú estás aquí, me estás mirando. Ellas, en cambio, siempre se están preguntando si gustan. Sólo piensan en sí mismas.—La mayoría de las occidentales son así.—A mis amigos y a mí, nos parece que para esas chicas sólo somos espejos. Fingí reflejarme en él, arreglándome el pelo. Se rió."




"Dos horas más tarde, cuando terminó, cerró el libro y me miró:
—Magnífico, ¿verdad? —me atreví a murmurar.
—No lo sé —respondió, implacable. No me iba a resultar tan fácil salir de aquélla.—Poner en un mismo nivel de igualdad a la joven francesa rapada durante la Liberación y al pueblo de Hiroshima, había que tener los bemoles de Duras para hacer eso.
—¿Ah, sí? ¿Eso es lo que significa? —preguntó Rinri.
—Sí. Es un libro que exalta el amor víctima de la barbarie.
—¿Y por qué la autora lo dice de un modo tan extraño?
—Es Marguerite Duras. Su encanto es que sientes las cosas sin que necesariamente las entiendas.
—Yo no he sentido nada.
—Sí, estabas enfadado.
—¿Es la reacción que busca?
—A Duras también le gusta. Es una buena actitud. Cuando terminas un libro de Duras, sientes frustración. Es como una investigación al final de la cual has entendido poco. Has entrevisto cosas a través de un cristal esmerilado. Te levantas de la mesa y todavía tienes hambre.
—Tengo hambre.
—Yo también."